Introducción a la Antropología Forense.
La Antropología Forense ofrece una esperanza a esas familias que son sacudidas por la cruel violencia que día con día se vive en el mundo. Las muertes clandestinas ensombrecen nuestra realidad. La personas ausentes y los muertos son identificados. Los desaparecidos son a menudo victimas del peor comportamiento criminal y político de nuestra sociedad. La paz y humanidad van unidas a la identificación de los desconocidos y al conocimiento de su destino.
¿Quienes son los desaparecidos, no identificados y ausentes?
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| Restos Humanos sin identificar. |
Algunos de los cuerpos no identificados son de desafortunados indigentes extraviados, algunos otros de suicidas que no deseaban ser hallados. La mayoría proceden de homicidios no aclarados que permanecieron ocultos el tiempo suficiente como para asegurar la impunidad de aquel que fue culpable de tan cruel acto. Los no identificados pueden ser jóvenes pertenecientes a bandas criminales, mujeres violadas, niños que han sido victimas de abuso. En ocasiones son la prueba contra asesinos en serie que comparten tranquilamente las calles con nosotros.
Ausentes y no identificados se denominan desaparecidos en muchos países donde el genocidio es común y el abuso de autoridad es la norma.
Lo inquietante de los cuerpos no identificados es su silencio, pues en ellos yace aun mas el silencio de un cadáver. Estos cuerpos desafortunados carecen de lamentos por seres amados ante el olvido. Nadie ejerce presión o aplica poder político o financiero en ayuda de un desconocido.
Los familiares, amigos y conocidos de estos desafortunados sufren en silencio y no tienen donde descargar su angustia, sienten la agonía de desconocer el destino de sus seres queridos. Estas familias experimentan algo de sosiego cuando los cuerpos de sus ausentes son identificados, cierran una dolorosa etapa y recuperan algo de la fuerza con las ceremonias dedicadas al ser querido.
¿Por qué es tan difícil la identificación?
La actitud común en el personal que atiende oficialmente a estos casos es negativa. Un comentario habitual es: "Si no lo identificamos en un par de semanas, ya no será posible" o "Como no sea alguien conocido y públicamente echado de menos, no habrá nada que hacer". Son palabras de autocomplacencia. La regla de la mínima esperanza es aplicable, pero cabe dejar una puerta abierta al éxito, por remoto que parezca, aunque no es fácil. Requiere un cuidadoso análisis de los restos y un debido registro de la información.
Las probabilidades de éxito son tan posibles como el no tenerlo, lamentablemente la información correcta es tan inútil como la incorrecta si esta no es comunicada. El uso eficiente de la tecnología sigue siendo un reto y en ocasiones vivir en la era de la información es contraproducente. Existen organizaciones no gubernamentales como la Asociacion Americana para el Progreso de la Ciencia de Washington D.C, Médicos pro Derechos Humanos de Boston y el Centro Carter de la Universidad Emory de Atlanta, que son lugares ideales para depositar la información.
Cuando las puertas han sido abiertas a la identificación buscada y al fin se logra un éxito, los restos estudiados han de ser re ubicados. La conservación de restos humanos (especialmente en descomposición) no es tan fácil como la de otra clase de pruebas, pero se puede hacer. Sin embargo, la ética es confusa, ¿Es más importante identificar a una persona fallecida, informar a la familia y posiblemente prender a un asesino u honrar al muerto con una inhumación anónima?